¿PERDONA?

Viernes, ocho de la mañana. Suena el despertador, aunque ya estoy despierta desde hace un rato. Cojo el móvil (sí, también es lo primero que cogéis vosotros, así que no me miréis con esa cara de estupor). Miro si tengo mensajes de whatsapp/emails/directs/Messenger y aún somnolienta me encuentro lo siguiente:

—Leather suits you

—como estas bebe

—Petra mándame tu foto

—ligeramente abierto

Yo: —¿Cómo?

—por favor

—sexy

—te amo

(no he corregido las faltas de ortografía por aquello de la veracidad y el dramatismo)

Entro al baño y me digo: Un pipí, me lavo la cara y bloqueo al canto. Mientras cavilo sobre qué quería que le mandara ligeramente abierto. ¿El frigorífico, quizás? ¿mi párpado legañoso? ¿De qué conocía yo a semejante individuo para reclamarme tan de buena mañana algo tan íntimamente íntimo? A medida que el chorrillo se hace más tenue, aumenta mi cabreo proporcionalmente a la inversa. Ya, hasta dudo en bloquearlo directamente, tener unas palabritas acaloradas sobre el tema educación, respeto y esas cosas o mandarlo a la mierda así, sin anestesia.

“Cliiiiing”. ¡Otra vez el sonido estridente –siempre me olvido de cambiarlo- que anuncia un nuevo mensaje en Instagram. Espero que no sea el tipo este otra vez…

Reviso y… —¡coño! —exclamo—¿Esto qué es? ¿Una foto de una “peseta” por no contestar? ¿Un tío calvo con pelo en el cogote? Ya la curiosidad me pica y voy a por las gafas a la mesita de noche. Clarividencia absoluta de los contornos y los espacios – ¡qué maravilla de la técnica esto de los lentes, oiga! –

Con una nitidez prístina, me vuelvo a asomar a la pantalla del móvil y ¡Zas! Me salta a al careto en 3D un pene enhiesto y desafiante en formato fotográfico. “¿En serio? Pienso. ¿Quién manda pollas a las ocho de la mañana?”

Primero sopeso la posibilidad de que sea del otro lado del charco y con el jet lag horario allí sea una hora en que el bebercio y otras sustancias estén pleno efecto de un “juernes” por la noche con las consiguientes consecuencias que sufro de manera abnegada. Después paso a analizar la calidad del retrato: El ángulo no está mal, diría que es hasta original. Es un contrapicado desde el suelo, con protagonismo absoluto de la huevada que se sitúa en primer plano con un desenfoque radial, sutil y elegante, para no distraernos del elemento principal. La saturación de color y el contraste están en su justa medida. Puede que un poco de iluminación con un reflector le hubiera venido bien y una disminución del ruido, también. Pero en general; aprobada.

Me viene a la mente como un chispazo, a que se refería el interfecto con aquello de “entreabierto” y a qué. Bloqueo directamente. No creo que podamos tener unas conversaciones inteligentes y enriquecedoras. “No eres tú, soy yo”.

El caso es que no es la primera ni la segunda vez que recibo, muy a mi pesar, las partes pudendas de señores que ni sé quiénes son, ni que motivaciones le empujan a mandarme a mí semejantes fotos mostrando esa sección de su anatomía. Y digo yo: ¿Qué pretenden conseguir? ¿Están enfermos? ¿Qué les pasa en “cabesa”?

Voy a llamar a esta especie de fenómeno: “Polling”. Que es como bullying pero con penes mediante. Además, me gusta la musicalidad que tiene la palabra. Es como un pene saliendo de una caja de sorpresa: “poiiiiinnnnng”. También puedo poner una carpeta en el escritorio de mi portátil que diga: pollasapuntapala (así junto para que no se note mucho) o, incluso lanzar un reto de esos que se hacen virales, algo así como #showyourpenis, para que sea más internacional.

Y algunos pensarán: “¡qué artículo más soez! ¡Qué vulgaridad! ¡Cuánta palabrota junta…!

Pues amigos, más vulgar, más irrespetuoso y más nauseabundo es mandar un miembro viril (propio o ajeno que, llegados al caso, da igual) antes de desayunar.

 

A ver si este post sirve, al menos, como medida disuasoria…

Besos, Petra

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