MORE THAN WORDS

Aunque es cierto que la RAE “limpia, fija y da esplendor” a esta, nuestra lengua vernácula, me he dado cuenta de que hay muchas palabras tienen significante pero no significado para mí. Quiero decir: tienen significante en tanto en cuanto deben ser traducidas en símbolos y significado a modo de explicación aséptica y sintetizada para nuestra tranquilidad mental. Otra cosa es cómo subjetivamente nos afecten.

A tenor de conversaciones recientes (que no acontecimientos que ahora de eso andamos bien escasos), con una persona que, digamos, no cree, no se rige por los parámetros de nuestra insigne Academia y que declara escandalosamente no ser asiduo a la lectura en general, resulta que me percaté de que pueden existir excepciones a la regla (“excepción”, esa palabra sí es maravillosa. Difícil de pronunciar, complicada de escribir y con muy poco uso aplicable. Me gusta). Ya sabéis que ante una declaración de intenciones o hechos consumados como: “no suelo leer”, mi libido, mi cerebro reptil y, en definitiva, todo mi ser se encoge como una almeja cuando cae sobre ella el ácido néctar de un limón, sin embargo…esta vez, y sin que sirva de precedente, decidí dar el beneficio de la duda y me abrí a un posterior desarrollo y explicación. No me convenció, pero oye, es un paso.

Ya sabéis que, lo que más me gusta del mundo mundial, es la humanidad. Soy fan del humano por muy temprano que se levante, por muy tarde que se acueste y por todo lo que sucede en el medio. Bien, pues lo segundo que más me gusta, son las palabras. Se las puede querer y odiar, como a las personas. Hay palabras amables, absurdas, musicales, inexplicables…

Con las palabras podemos transmitir imágenes y escenas en cinemascope sobre nuestra frente o la de los demás. Poderoso poder es el de las palabras, cuando logramos desprendernos del alquitrán pegajoso del dinero y su plasta maloliente que todo lo emponzoña y quedarnos en la palabra: prístina, pura, real y mágica.

Puedo escribir: “Desde mi ventana soleada veo el edificio de enfrente donde, en una habitación, una señora en camisón de dormir  hace la cama. Es temprano, pasadas las siete. Aunque ya, por su edad, no tiene obligación de madrugar, seguramente se levantará a esa hora por la costumbre de toda una vida llena de mañanas iguales a esta. Hace la cama con movimientos enérgicos y sus brazos se bambolean en un mar de carne blanda y blanca que resulta poético. Cada poco se levanta con el rostro dolorido, se lleva las manos a la cintura y, aun así, sigue incansable en su labor. Cuando termina, da un par de palmaditas a la almohada y pasa la mano por el embozo para quitar alguna arrugita. La perfección del hábito tiene algo de costumbrismo hipnótico. Tras terminar la labor, se asoma a la ventana, ve que la estoy observando de manera subrepticia y, con gesto adusto, baja la persiana.”

Un momento atrapado en mis retinas y que ahora quedará atrapado en las vuestras porque os lo mando como soplando sobre la palma de mi mano un polvo mágico, unas letras que se hilan en palabras y estas en frases, en imágenes.

Hay palabras que no se ajustan a mi vida por más que lo intento. Una de ellas es “asiduidad”. Soy una persona ordenada, algunas veces ad nauseam, sin embargo, esa palabra me agobia, me pone nerviosa ¿Qué es “asiduo”? No qué significa sino ¿Qué cosa, momento, persona es “asiduo” o denota “asiduidad”? Es como si se esperara de mí algo con impaciencia, una manera de forzar algo a convertirse en una máquina, un trabajo en cadena. A atarme de por vida a no sé qué tareas o encomiendas. Vemos personas con “asiduidad” hasta que dejamos de verlas o nos caían bien hasta que empezamos a odiarlas entonces ¿A qué viene esa palabra? No tiene cabida. No se pueden estipular horarios, poner parámetros ni exigir estamentos con “asiduidad”

Pero qué voy a decir yo que, dicen, soy la reina del bla bla…

 

Mientras tanto, yo sigo trabajando en «Muchedumbre», mi segundo ensayo.

Besos,

Petra

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Un comentario

  1. ..no seas asidua, …nos conformamos con tu inmortalidad. Quien permanece dentro de las personas, no muere jamás.

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