LA SAL DE LA VIDA

A menudo me preguntan si hay algo que me agrade de esta vida que vivimos (o sobrevivimos), porque, a juzgar por mis escritos, dicen, parece que todo me molestara, me chinchara, como si no hubiera nada con lo que disfrutara. ¡Nada más lejos de la realidad! A pesar de mi vena misógina y de los vaivenes –yo diría incluso que bandazos- de mis opiniones públicas o privadas, hay muchas cosas con las que disfruto enormemente. Sí, hasta con las cosas que joden. ¡Qué sería de mí sin ellas! Una vida sin esas pequeñas jodiendas diarias, esas sutiles, aunque persistentes, moscas cojoneras revoloteando continuamente a nuestro alrededor recordándote de manera insistente que no eres especial, vamos, que ni llegas a pasable, sin esas incomodidades melifluas acompañándote en tu devenir… ¡sería todo tan anodino, tan aséptico!

El hecho es que, verdaderamente, hay más cosas que arreglar, que cosas que mantener, sin embargo, y haciendo un inciso, nos empeñamos en estropear aquellas que están cuasi perfectas. El ser humano moderno y sus reglas y medidas, ya sabéis… Pero eso es harina de otro costal.

Las jodiendas, son inspiradoras y mucho, al menos para mí. El sujeto socializa y con este acto empiezan desde muy temprano los inconvenientes, las molestias minúsculas pero intransigentes y, por lo tanto, todo un elenco de historias que pueden surgir de ellas.

Un chollo para los que nos tomamos el más que cuestionable trabajo de escribir.

Las mejores novelas de todos los tiempos, han comenzado a partir de incomodidades más o menos grandes

“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. […]”

Historia de dos ciudades (Charles Dickens)

Si eso no son inconveniencias, que venga Dior y lo vea.

 

“Yo, Tiberio Claudio Druso Nérón Germánico Esto-y-lo-otro-y-lo-de-más-allá (porque no pienso molestarlos todavía con todos mis títulos), que otrora, no hace mucho, fui conocido por mis parientes, amigos y colaboradores como «Claudio el Idiota», o «Ese Claudio», o «Claudio el Tartamudo» o «Clau-Clau-Claudio», o, cuando mucho, como «El pobre tío Claudio», voy a escribir ahora esta extraña historia de mi vida.”

Yo, Claudio (Robert Graves)

Para que luego digan “los modernos” que el bullying es de ahora…

Nadie en su sano juicio escribe si no se siente incómodo por algo. Por eso los escritores llevamos regular eso de la mens sana.

A no ser que seas ese Señor Maravilloso (aka Mr. Wonderful), cuyo cinismo elevado a niveles estratosféricos no ha entendido nadie y encima se ha hecho millonario a base de estar descojonándose de toda esa mancha de estúpidos mientras se frota las manos y se enciende puros con billetes de quinientos euros…el resto de simples y tiesos mortales tenemos nuestros más y nuestros menos.

Por eso, porque nuestras molestias nos definen, hoy quiero hacer una pequeña lista de algunas que voy recabando por ahí:

COSAS QUE JODEN (y ya van…)

  • Usurpación del espacio personal. En las aglomeraciones -no sé, una feria, un concierto, unas rebajas…- todavía tendría alguna explicación más o menos razonable, pero ¿en una cola del super? “Perdone, es que tengo la nuca tan calentorra ya que creo que me ha subido la temperatura corporal unas décimas, ¿Podría respirar un poco más lejos?” o peor aún, esas personas que, por alguna extraña razón, no se dan por aludidos cuando das un pequeño y disimulado paso hacia atrás y vuelven a acercarse inmisericordes. Al final, te cansas del extraño vals y te sometes como un mártir a micro escupitajos tipo aspersor, vista de miserias en primera plana (mocos, espinillas, “paluegos”…) y halitosis.
  • Los ex. No en vano, la palabra “joder” tiene las dos caras de la moneda. El yin y el yang. Así que alguien que nos ha estado jodiendo de manera placentera durante un lapso de tiempo más o menos extenso, es de ley que luego le dé la vuelta a la tortilla y siga haciéndolo esta vez sin orgasmos ni gustirrinín mediante. Dar porculo como ex o que te lo den a tí como ultrajada (¿os habéis dado cuenta de que hay un montón de expresiones sexuales que tienen acepciones tanto para lo chachi como para lo chungo? “joder”, “dar porculo” “que te follen” …) es, más que nada, una cuestión de estatus. No eres nadie si no tienes, o bien un ex al que putear o uno del que quejarte por el dolor causado, los comportamientos sibilinos y malintencionados o los “cómo pudiste hacerme esto a mí”, que cantara Alaska.
  • La publicidad engañosa. Las cremas depilatorias, cuchillas o aparatos que usan chicas maravillosas y lampiñas, las tiras depilatorias para el bigote donde das el tirón y te quedas con dos pelillos menos y doscientas pupas más, Los productos milagrosos para las pieles “maduras” anunciadas por chicas que parece que han grabado el spot en el recreo del instituto, los champús donde pasan de rata mojada en aceite a pelazo en un abrir y cerrar de ojos…. Y sin embargo seguimos comprando ¿Por qué?

Y ya basta por hoy. Si se os ocurren cosas que os molestan sobremanera, quejaros. Y si os quejáis por escrito, puede que hasta os salga una historia maravillosa.

Besos, Petra

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