Hay dones que naces con ellos y otros que se adquieren con el tiempo y las vivencias. En el caso de los fotógrafos, se hace a través de sus ojos. Uno nace limpio, impasible a las bellezas de este mundo y a medida que va cruzando por la vida y las circunstancias, se pone «sus ojos de observar» y ve el mundo con la redondez y el encuadre de un objetivo. Para mí, esta insigne profesión tiene algo de poesía, de sensualidad…Como si a medida que se pulsara el disparador, sonara en su cabeza una banda sonora imaginada para ese momento, para ese «click». Hoy en día, con tanta cámara de iphone y tanto filtro de instagram se pierde un poco ese romanticismo, esa artesanía de captar no solo una imagen, sino un momento, un aquí y ahora, una historia….Hablo de la fotografía «porque sí», la que te inspira y la que quieres hacer porque te lo piden el cuerpo y la mente, no de esa otra fotografía institucionalizada y borreguil, que también haces pero con un regusto como amargo en el fondo del paladar. Luego, obviamente, está EL EGO. A veces es tan alto y grande, que si se precipitaran desde él se matarían fijo. No siempre pasa, pero a veces encuentras a personas que disfrutan con lo que hacen y eso, señores, es una gozada.
Aquí os dejo con la primera sesión del fotógrafo Javier Cebreros y su «The Human Photo». Espero que disfrutéis tanto como yo.
Realmente me sentí muy cómoda (salta a la vista). Será que la experiencia es un grado y que siempre he tenido muy poca vergüenza.
Nos vemos el viernes.
Besos, Petra