DURA LEX, SED LEX

Dura lex, sed lex o, lo que es lo mismo: La ley es dura, pero es la ley.

Para remontarnos a este conjunto de normas para la convivencia, debemos ir hasta los albores de la humanidad, cuando el humano dejó de vagar sólo por esos mundos de Dios y decidió que en chupipandi se vivía mejor. Podías tener tu propia cueva y hacer la cuchara calentita en épocas de glaciaciones e inviernos de duración “Game of thrones» lo cual, para que engañarnos, era un plus. Se percató, el hombre, de que cazar un mamut era más mejor hacerlo en grupo, aunque luego hubiera de repartirse la carnaza…y eso, claro, era un problema, pues al humano, que es de natural trabajoso, le cuesta no ver la individualidad en todo. Hubo que instaurar unas normas para eliminar el caos y la anarquía que, hasta entonces, había guiado nuestras solitarias y nómadas vidas. Nacieron, de una manera simple los conceptos de “comunidad” y “bienestar social”.

No fue hasta muchos siglos después que esas “normas” se pusieron por escrito. Con el Código de Hammurabi en la antigua Babilonia quedó instaurado una especie de primigenia Constitución (por llamarlo de alguna manera) basada en la Ley del Talión (ojo por ojo y diente por diente) o, lo que explicado grosso modo venía a decir: Si tú me das porculo yo tengo el derecho de darte a tí el mismo castigo. Concepto de reciprocidad llevado a su máxima expresión. Así, por ejemplo, si en una pelea un hombre rompía el brazo a otro, se castigaba al agresor con la misma herida.

Más tarde, en la Antigua Grecia, Todo se suavizó. La cosa tomó un cariz más filosófico, que mezclado con conceptos más antiguos de leyes, dieron a luz la Democracia cuyos tres pilares básicos eran: La Ley Divina, los Decretos humanos y la costumbre. Por primera vez en la historia de la humanidad, se le dio voz al pueblo, al ciudadano de a pie, aunque de manera muy anecdótica aún puesto que en esos tiempos los desarrollos legislativos corrían a cargo de los Sacerdotes y los Prohombres.

Y hete aquí que llegamos al Imperio Romano con sus luces y sus sombras. Y, como ellos, otra cosa no, pero ordenados eran un rato, recopilaron las leyes tan bien y las pusieron por escrito de una manera tan clara e inteligible, que, a día de hoy, el derecho moderno se rige en gran parte por ese Derecho Romano. La auténtica revolución, la República (la cosa pública; Res pública) es donde verdaderamente la plebe empieza a tener representación veraz y efectiva a través de un Tribunus Plebis (portavoz de los plebeyos). Olvidémonos aquí del concepto de plebeyo en el que más tarde, en la edad media, degeneraría el término. Aquí nos referimos al conjunto de todas las personas que no formaban parte de la religión ni la aristocracia y que tenían condición de ciudadano romano.

A partir de la caída del Imperio y la instauración del Sistema Feudal en Europa, los conceptos de Justicia y Ley sufren una merma importante. La igualdad de las personas ante la ley se vulnera constantemente al estar la legislación (con el absolutismo en muchos de los países europeos) a cargo de una persona: El Rey. Surgen numerosos y constantes levantamientos del campesinado y trifulcas entre nobles y monarcas a causa de la manera de impartir las leyes en los territorios y jurisdicciones. Cada potentado (ya fuera dentro de la curia o la nobleza) busca sus propios intereses en detrimento del pueblo llano que, cada vez se ve más afectado por la falta de ecuanimidad. Este sistema de diferenciación de clases, se extiende hasta bien entrada la edad moderna, cuando, revolución francesa mediante, la gente vuelve a tomar las calles y el poder para decir BASTA. Basta de abusos y basta de leyes, poder y dinero en manos de unos pocos.

Con otra revolución, en este caso la industrial, (así hemos ido, de revolución en revolución. Debe ser nuestro sino) se incrementa la burguesía que, nuevamente –como siempre pasa con el humano en cuanto se viene arriba- toma el poder y adecua las leyes a su conveniencia. Como revulsivo, el proletariado se defiende y tanto el S.XIX como el principio del XX nos vemos arrastrados como el Edad Media (mismo perro distinto collar) a dictaduras y regímenes totalitarios sean del color que sean.

Una vez librados de esta lacra (siempre con sangre, sudor y lágrimas) llegamos hasta nuestros días: Las leyes de ramifican, los Estados se rigen por ellas y es el pueblo el que elige quién y cómo se legisla (aparentemente). La justicia es libre y gratuita (al menos sobre el papel) y los poderes están repartidos, muy repartidos, tremendamente repartidos en una intrincada red de instituciones y organismos donde el ciudadano se pierde. El poder deriva en un ente burocrático en el trato con la persona de a pie y, por lo tanto, la burocracia se convierte en nuestro modus vivendi y la integración de ella en la sociedad es una realidad.

Y vosotros diréis: Menudo rollazo que nos ha soltado esta tía para ser lunes. Cierto es, no lo niego. En el albedrío de cada uno está la libertad de elegir si leerlo entero, quedarse a la mitad o siquiera empezar, pero en estos tiempos tan, llamémoslos, convulsos, no está de más un recordatorio; bueno dos, en realidad: El primero, a esos que, en un alarde divino autoimpuesto, creen que su labor es puramente representativa, que bajen de la nube y que trabajen con denuedo para la Res Pública y a otros tantos que, mal que les pese y, como bien se intitula este artículo, dura lex, sed lex y que, le pese a quien le pese, hay que cumplirla.

 

Últimamente ando muy seria pero tranquilos, es sólo una racha. Ya se me pasara…espero.

Besos, Petra

P.S. Tanto el pantalón como la blusa estarán a la venta próximamente en el portal Vinted. petra_desiderata es mi armario.

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