VETE A LA MIERDA

¡Vete a la mierda! ¡hijo de puta! ¡Qué te follen!

Y así una retahíla constante de tacos e improperios varios. Eso es todo lo que me sale al ponerme a escribir. Estoy enfadada, tremendamente cabreada a niveles estratosféricos, infinitos. Pero ocurre que no sé muy bien donde debo endilgar esa cólera para librarme así de la carbonilla y empezar a ponerme seria.  Esta ira se intercala con periodos de profundo vacío existencial en los que hiberno, literaria y literalmente hablando, hasta volver a la verborrea sin control. Pastosa, enclenque, amateur, ególatra….

Los existencialistas… ¡Menudos gilis! ¡Qué vulgaridad, pensar que lo importante es sólo la existencia real y, digamos, “tangible” del individuo, cuando el ser humano es esencia pura!

¿Os habéis dado cuenta de lo tremendamente inútiles y soporíferos que son mis últimos artículos? Yo sí. Es porque, en un burdo intento de adaptarme a los tiempos, caer bien, o, simplemente por falta de talento momentáneo, me dedico a juntar palabras sin ton ni son como un “negro” cualquiera.

Estoy cansada también. Cansada de la humanidad en sí. No es que me hayan hecho daño, que también, es simplemente que me rindo. A partir de ahora me quedaré sumisa en este medio oleoso por el que resbalo no sé muy bien hacia dónde. Me mezclaré en este excipiente terrenal y mundano, este enjabonamiento espurio de “celebro” hasta borrar todo apasionamiento innecesario, todo énfasis…

Haré planes vacacionales de fin de semana, “besaré tu cicatriz y comeré una manzana tres veces por semana”, aplaudiré los logros ajenos con total convicción y sonreiré. Sonreiré tanto que los labios se resquebrajarán y los dientes sufrirán los efectos de los elementos. Esa dentadura prístina ahora se volverá mate, descolorida…Y aun así mi rictus de arlequín desmadejado será impecable, como impecable serán mi vestido y mi peinado. Batiré palmas como mono amaestrado, pero no estaré triste. No estaré triste porque formaré parte de algo más grande y mejor que yo: El “Establishment”. Y maldeciré todos esos años de bracear incansable en contra de la vulgaridad, la grosería…. Adiós individualismo, hola colectivos. Todo estará organizado, etiquetado y estandarizado al fin. Se acabaron los caos, las montañas rusas emocionales y emocionantes. Todo está más claro ahora.

“Señeres”, creo que he perdido mi Don. La magia que me permitía contar historias se ha esfumado. Sin embargo, seguiré escribiendo en un intento desesperado por convencer a la musa de que vuelva. Mis letras serán un faro para facilitarle el camino a casa. Ella también estaba harta de mí. Se ha marchado a la francesa, sin despedirse y sin mirar atrás. La mecha que ella encendía excitada y jaranera se la ha llevado consigo.

La adaptación será dura. Habrá crujir de espaldas, dolor intenso de rodillas y distensión de esfínteres que habían estado cerrados a cal y canto. Desinfección de entrañas y recolocación de las mismas en la jerarquía adecuada. Pero ya no me sentiré sola nunca más, porque escribiré un dictado o dictaré un escrito. Todo será perfectamente conveniente. ¿Qué más da que mis poros suden tinta y que en mis ojos se proyecte la misma película en bucle mientras yo siga dotándola de un halo de obra maestra sin parangón?

Y si al dormir, en mis sueños me encuentro a un pequeño yo deforme, siniestro y desafiante, lo miraré con el desagrado omnipotente del que ve un insecto y obviaré su mirada llena de todos los cuentos que se han quedado en sus puños.

Por fuera, en el mundo real, habrá un fruncir de entrecejo inesperado, un pequeño gesto de connivencia que será oportunamente anotado en la columna llamada “disidencia” como falta leve.

Espero que el puente os haya ido de escándalo y hayáis recordado que el viernes y sábado eran vigilia y no se podía catar carne…

Besos, Petra

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