Creía, de adolescente, época ingrata y fascinante a partes iguales, que cuando llegara la edad adulta, se acabaría el maltrato. No permitiría que nadie me tosiera y, si lo hacían, tampoco me iba a importar porque estaría imbuida en una vida tan esplendida que no prestaría atención a los desmanes. También pensaba, con la inocencia…

Después de repasar un montón de post antiguos para, confiando en vuestra pérdida de memoria, poder repetir alguno; he decidido que os merecéis mi honestidad y me he dispuesto a escribir uno nuevo y lozano como esta primavera que nos llega casi sin darnos cuenta. (Ya nos quejaremos del calor, tranquilos) Y como a cuenta…