Creía, de adolescente, época ingrata y fascinante a partes iguales, que cuando llegara la edad adulta, se acabaría el maltrato. No permitiría que nadie me tosiera y, si lo hacían, tampoco me iba a importar porque estaría imbuida en una vida tan esplendida que no prestaría atención a los desmanes. También pensaba, con la inocencia…