PUES ESO…

“Se prevé un parto difícil. Mi conciencia me recomienda que haga ejercicios diarios de contracción y relajación, pero nunca le hago caso. Prefiero que me pille desprevenida, que me llegue en el momento más inesperado y que aunque jure y perjure, aunque me arrepienta vivamente de haber hecho caso omiso a las recomendaciones de mi sabia amiga, logre poner toda la carne en el asador.

Será un alumbramiento doloroso. Rugiré, blasfemaré, me retorceré en el dolor y también me refocilaré en él. Me gustará sentir como rasga mis entrañas, como relampaguea en mi mente.

Al final me vaciará de todo sentimiento, de toda agonía y de todo éxtasis.

Miraré a la criatura a la que he engendrado, a la que he llevado en mi seno durante tanto tiempo escondida y me sentiré cansada y con cierta paz. Solo relativa. Casta Diva por poco tiempo seré, pues ya intuyo el momento del siguiente acto de amor que me producirá otro alumbramiento, siempre más doloroso que el anterior.

Siempre tendré esa tensión constante, esos miedos a que la gente te pregunte: ¿Qué significan estos versos? ¿Qué has querido reflejar en este poema? ¡Y yo qué sé! Yo solo los lanzo al mundo, como criaturas informes a veces, como ángeles sin sexo otras. Pero por favor, no me preguntéis más. Solo leed y desechad. Aunque parezca que no os tocan lo más mínimo, siempre habrá algún verso que quede pegado a vuestra piel y llevéis con vosotros sin percataros. Os lo garantizo.

No envidiéis al poeta. No es digo de envidia; más bien de lástima. Vosotros seguid con vuestras envidias banales mucho más satisfactorias.

El poeta no es más listo, más bello, más rico, más popular, no agrada, es raro… es un mercurio podrido, un mensajero sin mensaje que dar, una carta sin remitente, un farsante poseedor de su propia farsa, un demente, una mal alcahueta…. un poeta.”

Pues eso. Que eso es para mí el proceso de escribir. Para que luego me digan: “Uy, que libro más finillo…”. Querrán ellos el María Moliner hecho en prosa. Que hartazgo ¿no?

En contra de lo que pudiera parecer; me encantan los lunes y odio los domingos. Los domingos son la muerte, la inactividad, lo soporífero…Sin embargo los lunes nos devuelven a la vida como el ave fénix. Cada lunes me reinvento.

Besos, Petra

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