PAZ, AMOR Y CHICHINABO

El Decreto está más de moda que nunca. Está en boca de todos. Si mi “ídola” de los medios, Ana Rosa, -esa mujer que ha llevado un nombre que podría ser de prota casposa de telenovela al estrellato-, le dedica espacio en su tertulia; es que algo se cuece, que es importante para el vulgo.

—Es que en tu legislatura fueron tantos…

—No creas, pero fueron más chupiguay, eso sí. Me hacían tanto caso…fue maravilloso mientras duró.

—Jooo, pues no es justo y ahora me enfado (mientras se cruza de brazos y pone un mohín adorable). Mis decretos estarán escritos con boli de olor y, además, les voy a poner corazones en todos los puntos de la ies.

—Pues no juego. Mamá, ven a recogerme que me quiero ir ya del Congreso (hace pucheros).

Al margen de que realmente me requetencantaría que nuestros líderes políticos hablaran así, aunque fuera solo por un día, cómo en una distopía de esas de peli americana, pero a lo niño repelente español, lo cierto es que el tema Decreto se está desviando hacía cuestiones nada importantes y trascendentales para el crecimiento de nuestro país.

Yo, si fuera dirigente, legislaría las cosas importantes de verdad como, por ejemplo:

  • Restricción del uso de zapatos blancos al ámbito nupcial, hospitalario o poligonero. (Si el calzado en cuestión son botas, tendría agravante y conllevaría pena de cárcel o, en caso de no tener antecedentes penales, sanción administrativa conmutable por trabajos para la comunidad).
  • Implantación del “viernes informal” en el Congreso de los Diputados. Con grifo de cervezas (nacionales y de importación) en cada escaño. Se activaría con comando por voz o escaneo de huella digital para así restringir el uso (y abuso). O, como alternativa, cobrar entrada simbólica (unos 300 euros por barba, total, calderilla) con derecho a consumición. Opción de baile privado en reservado dos veces al mes (para este servicio se originarían turnos de bailarines/as entre las filas del hemiciclo).
  • Compensación económica a los votantes por el hecho de ejercer ese derecho. Porque tal y como están las cosas a estas alturas de la película política, casi casi de un derecho ha ido mutando en un deber y el deber, amigos míos, implica pasta de por medio. Porque en abril ya hace buen tiempo y los domingos son para ir a la playa, al campo o, si no somos muy de aire libre, de sofá y Netflix. Y no me refiero a que los partidos compren votos, no. Quiero decir que con el dinero púbico… ¡Ups! público quería decir, se remunerara a todos los ciudadanos que mueven su culo hasta el colegio electoral.
  • Que los que escriben “haber” en lugar de “a ver” tuvieran un sitio reservado en el “haberno” y que fueran consecuentes, de que cada vez que lo hacen, muere un gatito. Por lo tanto, yo propugno que se haga un Decreto Ley para que se le tatúe en un lugar del cuerpo a elección del imputado las palabras HABER y A VER con sus significados correspondientes establecidos por la RAE y en tipografía comic sans (que jode más)

Y así, todas las mañanas, se me ocurren cientos de Decretos que harían de este país un lugar mejor. Sé que no me tomaréis en cuenta, pero algún día no tendréis más remedio que darme la razón y lo sabéis.

Llamadme visionaria si queréis…

Un abrazo

Petra

 

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