*P.A.

Mis padres siempre tenían la “Vergüenza” muy presente. No en el plano absurdo y sinsentido que relacionamos con el término. Las religiones, normalmente, confunden miedo con vergüenza y nos estigmatizan para siempre. Ellos, sin embargo, mis padres, dotaban a la palabra de un halo más “quijotesco”. Cuando hacía alguna cosa que no les cuadraba, siempre decían: “¿no te da vergüenza?” o ¡Qué sinvergüenza! Refiriéndose a la ofensa. Que no tenía por lo general nada que ver con lo sexual, ni con decir tacos, ni nada de lo mundano, sino que era una cuestión más profunda. Normalmente tenía que ver con los principios y fundamentos inherentes al ser humano desde que se instauro en sociedad: respeto, empatía, humanidad y educación. Entre otras cosas. Por otra parte, también me dieron el valioso y prostituido por muchos, libre albedrío. Libertad para discernir motu proprio, lo que está bien y lo que está mal. ¿Sabéis lo que es un tutor, aparte de una persona adulta responsable que está a cargo de un menor? Pues también es una caña que se clava al pie de una planta para que crezca derecha. Revelador ¿verdad? Cuando el árbol es chiquito, es de vital importancia sembrar junto al mismo, las bases de la vida humana sin adulterar. Sin una buena base, jamás habrá una cúspide.

¿Qué por qué os suelto todo este rollo? Pues porque al parecer hay personas que pueblan este mundo que no han tenido el privilegio de haber tenido un “tutor” que le ayudara a crecer sano mental y físicamente. Sin ese apoyo al principio de la vida, que no es encorsetamiento, ni normas, ni nada de eso, los procesos cognitivos no se desarrollan con la salubridad necesaria para llegar al siguiente paso: elegir. Se mueven, estas personas, por derroteros casi siempre soeces, malvados y vulgares.

Y como para muestra, sirve un botón, os transcribo in situ, una conversación que tuvo lugar el otro día en el Messenger de mi Facebook. Obviamente no subo capturas de pantalla ni nada, porque con mi despiste supino, seguro que meto algún patón. El nombre se ha cambiado, obviamente. También he corregido las faltas de ortografía, para que la lectura sea inteligible:

Indalecio:  Hola
Petra: ¿Hola qué tal? Dime
Indalecio: ¿Y tú? ¿No te puedo saludar? ¿Te molesta?
Petra: Para nada. Igualmente. Yo no quiero nada. Me has hablado tú, por eso preguntaba.
Indalecio: Jajaja. Eres muy agradable. Jijiji. Jajaja ¿Qué edad tienes?
Petra: Gracias. Por lo de “agradable”, digo. Y tú, ¿Cuántos años tienes?
Indalecio: Estás bien. Eres maja. 30 ¿Y tú? Soy superdotado
Petra: Me alegro por ti
Indalecio: ¿Y tú?
Petra: No, yo no soy superdotada. En inteligencia, sí.
Indalecio: Te gusta follar. (Con esta frase no sé si estaba afirmando, pero yo la tomé como interrogativa). Ya veo. Jajaja
Petra: Claro, como a todo el mundo
Indalecio: Lo que más te pone follando
Petra: La inteligencia
Indalecio: Imaginación. Sensaciones. No. Que te coman todo y te metan deditos. Jajaja.
Petra: Seguramente, que te metan deditos, te guste más a ti.
Indalecio: Jajaja. Una polla dura, mejor. (no sé si se refería a mí o a él)
Petra: Mira. No veo el sentido a esta conversación. Si ya decía yo que no debía contestar…Búscate una de tu nivel intelectual. Te irá mejor. Hasta más ver.

Ese fue el momento del bloqueo.

Lo que más me cabrea, aparte de todo lo evidente, es que ni siquiera pillen el cinismo, la ironía…Pero claro. Tampoco le vamos a pedir peras al olmo. Pues así y del estilo, día sí y día también. Ahora a ver quién justifica. Estoy preparada para todos los: “es que te expones”, “es que enseñas”, “es que eres…” “es que…”

*Las siglas P.A. las dejo a libre interpretación.   En este tema, tengo algo más que decir, así que no descarto una continuación.

Que paséis buen fin de semana.

Besos, Petra

 

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