INTERRUPTUS

Mi cuerpo esta febril. Mi mente esta febril. Mi corazón esta febril.

Mis labios húmedos, ávidos de amor, no saben que ocurre y boquean sin parar. Anhelantes mis pechos, los pezones erectos rozo con mis dedos.

Cualquier hombre o mujer en la fuerza de la edad podría hacer que gritara.

Pero no me tocaré. Me gusta este estado de opresión, de tensión al límite, de sentir que te mueres por respirar el olor del sexo, de palpar un cuerpo caliente, de ver el deseo en las pupilas brillantes del otro…

En este cuarto oscuro de silencio nocturno hasta el tic-tac del reloj, tan rítmico, me recuerda al diapasón de tu sexo, métrica pura…. tic…tac…tic…tac.

Rozo mis ingles ansiosas y noto el calor húmedo que se desprende de mi pubis fragante. No quiero que ningún pensamiento me distraiga de este momento sublime. Lucho contra mis deseos en la clandestinidad de esta habitación. Mis uñas arañan mis muslos. Quiero saciar esta lujuria que me enferma, pero se que mañana volveré a tener esa misma sensación de desazón.

Solo quiero un cuerpo, me da igual su condición donde poder saciarme sin explicación, un cuerpo que me rodee, al que pueda ordenar, y a veces dejarle que también me ordene, y obedecer sus instintos mas libertinos, mas primitivos.

Mientras escribo con la diestra, la siniestra mano del pecado me acaricia un seno por debajo de la blusa sin previo consentimiento, mientras en mi sexo siento un latido cada vez más perentorio. Tengo que seguir escribiendo o será mi perdición. Debo tener las manos ocupadas en el teclado, pero todo me parece tan erótico, tan sexual, tan voluble, tan turgente…

Mi talento esta desaprovechado por necios, pero no pierdo la esperanza de que algún día venga mi paladín. Vendrá de sus cruzadas victorioso y eufórico o de sus derrotas taciturno y violento, de igual modo disfrutare. Con su euforia obtendré mil caricias y mil anhelos y mil cariños y mil bagatelas… Pero cuando la sangre traiga envenenada disfrutare de la violencia en mi reclamada y podré dar coba a mis más oscuros ansias.

Desvarío… Aquí no hay ni paladín, ni guerrero al que estrechar fuerte entre mis brazos. Aquí estoy yo sola y mis dedos que empiezan a bajar como medusas. Y no sé como podrá acabar este delirio, pues es evidente que en algún momento dejaré de escribir, y después de un tiempo la fuerza de la sintaxis caerá en picado y ya no habrá ni orden ni concierto. Estoy hastiada de dejar las cosas inacabadas, pero juro por mis pecados que esta afrenta culminare de una manera u otra.

Bendita primavera….¡Tened condones e antihistamínicos a mano!

Besos, Petra

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