FRASES IMPERATIVAS

Nunca me han gustado las frases imperativas, es más, tengo un serio problema con ellas. Me parecen intimidantes e invasivas. Un: “obedece, pringada”, heredado de los tiempos en los que los abusos de poder estaban a la orden del día. Un “por favor”, un “gracias” o hasta unas interrogaciones si me apuras, denotan respeto por la persona a la que te estas dirigiendo. Aún hay mucho mequetrefe suelto por el mundo, subido a la parra del euro, que se cree que hay que hacer la ola al paso de su majestad. NADA, insisto, NADA, da derecho al ninguneo hacía el otro. Ni el dinero, ni el estatus, ni el poder, ni la belleza…Y lo peor de todo es que, en la mayoría de los casos, es un mindundi cualquiera el autor de las órdenes directas. Y cuando digo ordenes, me refiero también a esas que dan los jefes y jefecillos, que se creen exentos de las palabras empáticas que acompañan las frases. Cuando se dice que el poder corrompe, creo que, en gran medida, se refiere a la pérdida de humildad. Me explico: Cuando tienes una cohorte de asquerosas rémoras que te acompañan a todos sitios, diciendo lo maravilloso, listo ingenioso, guapo y generoso que eres, a todas horas, las personas pierden el norte, el enfoque, y se sientes imbuidos de un nuevo y flamante privilegio: Aplastar. Aplastar porque sí. Porque estás ahí, como el Everest. Supremacía de los imbéciles, lo voy a llamar. La creencia estúpida de que un ser humano puede imponerse sobre el libre albedrío y la voluntad de otro, es una locura, un sinsentido. ¿Qué ocurre? Claro. Ocurre todo el puto tiempo. Y a diferencia de otras cosas, las extralimitaciones, no se dan en todos los estratos sociales y eso es algo que todos sabemos.

Luego, también existen esos, cuya mayor aspiración es obedecer sin tregua, con tesón, como si les fuera la vida en ello, sin pararse a pensar las vejaciones a las que se someten a gusto. “¡A cambio de prebendas, lo que sea, oiga! Esos son más patéticos aún que los que dictan las ordenes. Se corren de gusto cuando le levantan un dedo inquisitivo y preponderante, pensando en que tener las tragaderas de una ballena viene en forma de un BMW o la entrada a una fiesta con coca y escor. Les compensa. Así que, ensalivan y tragan. Me dan ganas de vomitar.  ¿De verdad hay gente tan sumamente arrastrada, que pone precio a su dignidad? Será que yo soy muy Quijotesca y así me va. Tiesa como la mojama. Pero oye, que me conformo con la libertad que me da mi pobreza monetaria. No cambio por nada, el escribir sobre lo que me place, sin que me vengan a decir que cambie una coma. Eso, amigos, es una gozada. Lo único malo, es el bombardeo constante para encasillarte, etiquetarte, llevarte de la mano a donde se considera que podrías quedar bien y no molestar mucho. Esa insistencia sibilina, suave y condescendiente en hacerte pasar por el aro, cuando sabes perfectamente que una vez cruces ese puente, ya no hay vuelta atrás y quedarás tú también, a veces sin saberlo, bajo la dominación de un ente cualquiera (organismos incluidos). ¡Qué ardua tarea, ir sorteando obstáculos sin cesar!  Promesas de lujo, clubs exclusivos, alta costura…. Si todos esos calderos de monedas al final del arcoíris, van a servir para convertirme en lameculos babeante o, peor aún, en caudillo déspota y caer en la más absoluta depravación, digo NO. Así, en mayúsculas. Digo que, si algo tiene que venir, vendrá, pero no será por la venta de este culo (figuradamente hablando, que os conozco), que ya son muchos años de negación incólume, para dejarme caer en la desidia y acatar ciegamente a cualquier tonto a las tres.

Feliz solsticio de verano a todos. Llegó el calor al fin. No quiero escuchar ni una mosca de quejarse.

Besos, Petra

 

 

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