EL FÚTBOL ES “ASÍN”

El mundial ha terminado y sigo sin entender un “fuera de juego”. El trofeo, que por cierto no puede ser más feo, viaja hasta el país de los gabachos para desdén de… ¿el resto del mundo? Y es que los franceses, que me encantan, son muy suyos. Orgullosos, altaneros y, puede que a veces, un poco clasistas. Pero es que en este mundo, el orgullo no se perdona si no es tuyo.

El fútbol: ese juego tontísimo que consiste en darle patadas a un objeto esférico hasta meterlo a través de unos palos con una red, pero que genera miles de millones, más starlettes que Hollywood y más merchandasing que Disney, es el auténtico leit motiv de muchos, y digo bien, muchos, en masculino. Bajo la condescendía lo miran unos y a otros se les encona como un vello en la ingle, sentenciado categóricamente que es un entretenimiento pueril (y un poco choni, todo hay que decirlo) para intelectos de bajo escalafón. “Pan y circo”, dogmatizan mientras fruncen los morros con aires de superioridad supina. Pues no veo yo que tiene de malo un entretenimiento ligero y de puro disfrute, siempre que no se salga de madre. No todo tiene que ser un alarde de existencialismo y profundidad nivel Lynch. ¡Qué intensos son algunos, por Dios!

Con el fútbol me pasa lo que con el Pokemon Go, que decían: “Es que atonta” “Es que vaya manada de ninis inútiles” “Es que son borregos” “¡Qué se pongan a trabajar” “ ¡Qué se pongan a estudiar”… Y mil frasecitas “tocacojones” más. Porque el humano, cuando no tiene objetivos en la vida, critica. Cuando está aburrido, critica y cuando siente envidia (¡ou, yeah!), critica más alto y con más inquina. Mientras yo pensaba: ¡Pero que más les da! ¿No les gusta el jueguecito? Muy fácil, no jueguen. Me agotan sobremanera esas visiones “modernas” que excluyen sin parar y en lugar de incluir y normalizar, señalan y diferencian. Piénsenlo, hay muchos casos…

Pues con el balompié pasa igual. No seré yo la que vea los partidos aburridos e interminables, ni idolatre a jugadores al nivel de una deidad, ni gaste pastizales en camisetas de ningún equipo, ni vaya a ser ahora el Marca mi lectura de cabecera, pero… y aquí está el quid de la cuestión: Dejaré en paz a quien así lo quiera hacer, y no intentaré convencerlo ni adoctrinarlo de que va por el mal camino, porque no soy ni sacerdote ni persigo ninguna causa estúpida buscando acólitos que me veneren. Que me parece a mí, que el ser humano está sufriendo una involución severa y en lugar de tolerar los gustos y vicios del prójimo, lo tachamos de cualquier epíteto que nos salga del potorro, porque sí. Decirle a estos “iluminatis”, que hay vida más allá Nietzshe, que los significados psicoanalíticos de las pelis de Woody Allen nada más que los entiende él (y son un tostón) y que sigue sin gustarme ni entiendo, la obra de Miró y Chillida.

Mi abuelo, que tenía la sabiduría de la experiencia, siempre me decía: “No hay cosa más sana, que hacer cada uno lo que le da la gana”. Y yo intento, cuando me dejan, seguir ese consejo a pies juntillas y me lo repito como un mantra, cuando me desvío al lado oscuro de grupúsculos absurdos e intolerancias varias.

Creo que hay que relajarse y no tratan continuamente de boicotear lo que no nos gusta, sobre todo por nosotros mismos. Uno debe ser honesto y ponerse objetivos pequeños. Es un trabajo de dentro hacía fuera. Un hombre sólo, no puede paliar el hambre en el mundo, pero sí la de su vecino. Por ahí se empieza.

Amantes de los entretenimientos simples, no os preocupéis. A mi me sigue entrando la risa floja, cuando a alguien se le escapa un cuesco.

Besos, Petra

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