DEMOLITION MAN

¿Os acordáis de la peli de los noventa de Marco Brambilla “Demolition man”?

Siempre he pensado que las películas estadounidenses tienen algo de augurio para bien o para mal. Muchas de las cosas que se vaticinaron en films de los años ochenta, impensables en esa década, no es que se hayan inventado, es que forman parte de nuestra normalidad. Pues hoy, hablando con unas amigas, nos hemos percatado que la sociedad está derivando peligrosamente hacia la que se desarrolla en la peli que titula este post. Para poneros en antecedentes:

En un futuro post-apocalíptico y tras años de una violencia extrema, que casi acaba con la humanidad, se refunda una sociedad aséptica y condicionada desde que el individuo nace. No hay maldad, no hay delincuencia ni palabrotas, no existen las enfermedades de transmisión sexual ni el aborto. Todas estas cosas que a priori parecen manifestar un mundo agradable donde todos viviéramos felices y contentos, no es así. El contrapunto a tanto bienestar de cartón piedra es la resistencia -Siempre tiene que existir el “Yang” obviamente-. La otra cara de la moneda es la que siempre es ninguneada, relegada al ostracismo social (en este caso a las cloacas), da miedo, no llevan una vida “ordenada” y se rebela constantemente contra el orden establecido.

Haciendo un paralelismo con la sociedad actual, ni te imaginas cuantas cosas hay parecidas. Nacemos y crecemos totalmente condicionados y, si por casualidad, tenemos a nuestro alrededor voces discordantes y críticas, se nos quitarán las ganas de seguir su ejemplo porque es taaaaan cansado, taaaaaaan solitario y es taaaaan fácil y tranquilo nadar a favor de la marea… Cuando me quitas mi albedrio para imponer el tuyo, la cosa deja de ser divertida y nos convertimos en una masa ingente que se peina la raya hacia mismo lado. Me niego.

Ahora los juguetes deben ser inclusivos y las niñas deben jugar con réplicas de kalashnikov y los niños con Barbie porque así es más guay y todo fluye mejor y no te atrevas a replicar niño que, si tu color favorito es el rosa, te aguantas mi percepción arcaica y subjetiva de los colores y te visto de azul. ¡A ver señores, que los colores no tienen género!

Señoras que te miran por encima del hombro diciendo:

—¿Qué tal están tus animales? —Cuando estás disfrutando con fruición un plato de jamón serrano

—Pues no lo sé hija del veganismo advenedizo y de moda, igual de fantástico que tus vegetales, supongo…

Que sí, que ahora hay que comer quínoa, tofu, semillas de chía y.… ¡Alpiste! Pues oye, que me parece estupendísimo de la muerte, pero a mí déjame con mis flamenquines. ¡Nos ha jodío el niño er nabo!

¡No me cosifiques! ¡No me contravengas! ¡No me catapultes! ¡No me mires! ¡No me mires! ¡No me mires! ¡Qué hoy no me he puesto el maquilla je je je! O mejor, si eso, mírame de lejos o en mis stories de Instagram y de tocar ni hablemos. Y júzgame, júzgame siempre por mi físico. Por tener tetas grandes o tener pelos en los sobacos. Condicióname, etiquétame en función de un perfil de Facebook y ponme en un lugar donde tú te encuentres a gusto.

Vive bajo los dictámenes absurdos y pueriles de Mr. Wonderful porque “la vida puede ser maravillosa si te lo propones” pues joder, aquí falla algo porque yo en lo que pongo un pie en el suelo es para notar lo frío que está y yo sin calcetines, y en cuanto lo pongo en la calle es para pisar una mierda de perro de esas que deben estar sólo en mi imaginación psicodélica porque para el resto del mundo no existen. Delirium tremens lo llaman. Claro, como le doy al tintorro nocturno que da gusto… ¡Ostras, multón asegurado! ¡Que lo hay que beber son smoothies de remolacha, fresa, mango y jengibre! ¡Si es que no te enteras, disidente!

¿Los deportes de contacto? Prohibidos. Porque entre el roce yo creo (puede ser, me pareció notar…) que aquí más de uno arrima la cebolleta. ¡Qué coño! Prohibimos el contacto en general y Santas Pascuas. Muerto el perro, se acabó la rabia. ¡Ay no! el perro no que es como de la familia. Exijo, reclamo que cambien el dicho a partir de ahora para que ningún colectivo se sienta ultrajado. A ver… ¡ya sé! “Muerta la medusa se acabaron las plagas” ¿Por qué las medusas de momento no le importan a nadie, ¿no? Vamos, que no están de moda y eso.

Y méteme en la cárcel por canciones, poemas o libros soeces, poco convenientes o fueras de lo establecido. Y haz de mis letras armas arrojadizas. Haz piedras y tíralas sobre mi tejado (que también es el tuyo, alma de cántaro) Descalifícame como mujer por no darte coba, por cortar por lo sano una conversación que va por derroteros sexuales por defecto. ¿Y qué esperas si te muestras, si demuestras? El hombre no tiene que acreditar su valía en las artes y oficios. Le basta con sus gónadas. La mujer tiene que trabajar el triple para ser tomada en serio. No se nos presupone ningún atisbo de saber hacer fuera de los ámbitos “domésticos” tiene que demostrar, demostrar y torear (uy no, torear no) las invitaciones de todo tipo (cenar, un café, un polvo…) por el hecho de…. No digo nada. No me atrevo. Dejémoslo en físico sin más.

Hay que ir por la vida con una sonrisa bobalicona, como drogados, infoxicados. Perfectamente hidratados, peinados y aseados. La mirada pérdida y estrábica mientras nos llevamos a los labios una taza de té negro ecológico del Nepal en la que se puede leer: “Sueña despierto y harás cosas increíbles”

No sé a vosotros, pero a mí me dan escalofríos…

 

Sólo un apunte: Si alguien se siente ofendido….Pues para cuando me siento yo. Cosas que pasan. Nunca llueve a gusto de todos y yo no estoy en nómina de nadie.

Besos, Petra

 

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