DE MARICHULOS Y FEMINAZIS

Con el feminismo de “nueva ola”, como con todos los, llámense, movimientos, ocurre que surgen una serie de personajes que se autoproclaman adalides de la causa sin conocimiento de la misma, por otra parte. Estos “Justice Warriors”, como dice una amiga, quieren (creen) saber de todo lo concerniente, en este caso que nos ocupa, a la mujer: sus reivindicaciones, sus luchas, sus pensamientos y hasta su sexualidad. Si bien es cierto que los medios nos bombardean a menudo con, hasta la más nimia noticia relativa al feminismo, no es de recibo creerte, por lo que cuentan, como es una mujer y que debería hacer, porque precisamente, ¡Ay amigo! caes, sin querer, en el paradigma del machista recalcitrante e intolerante. ¡Sorpresa! Se trata de que cuando quieres imponer los “derechos y actuaciones” de las mujeres en general a fuerza de verborrea sin control y demagogia de manual, tu condescendencia supina da repelús, es rancia y absurda. Las mujeres no necesitamos de hombres que nos defiendan de manera sospechosamente vehemente, si no que trabajen para un fin común que nos beneficie a todos como raza humana. Esa especie de congraciarse con el sexo femenino en un intento de, no sé, follar más, tener más “amiguis”, que te inviten a fiestas de pijama, o vayas con ellas a playas nudistas y que les des cremita, siempre desde el respeto ¿eh? Nada de empalmarse que eso es algo del heteropatriarcado… Eso, amigo: se llama ser un “pagafantas”.

Siempre digo que es muy osado sentar cátedra sobre cualquier cuestión, pero que lo haga un hombre sobre lo que significa ser mujer, es como que una monja me diga que masturbarse es malo para la salud: Los dos hablan desde la ignorancia. No estoy arremetiendo contra los hombres ¡Al contrario! Yo amo a los hombres, a todos y cada uno de ellos (bueno, a todos todos no, que hay cada uno…). Pero que no me vengan con cuentos chinos los intolerantes, sin distinción de género, porque no compro lo que están vendiendo. A mí, que me llaman un día “roja” y al otro “facha”, lo mismo me da que me llamen “feminiazi” que “femisnista” que “machista” porque las percepciones de cada uno son personales e inescrutables. Pero lo que no voy a tolerar son las imposiciones y consejos casposos de quien, se cree en posesión de la verdad absoluta, porque chico, al igual que la libertad o la justicia, la verdad es un concepto abstracto. Lo inteligente es basar tu vida en la búsqueda constante de la misma, pero claro, para eso hay que leer más filosofía, cosa que no veo yo que se haga mucho….

La falta hay que tratarla con diplomacia, sí, pero atajarla de raíz, hacerla notar a la persona y no al conjunto de personas. Los “colectivos”, esa lacra social que nos divide en lugar de unirnos, se hacen cada vez más pequeños, más excluyentes y más, que adjetivo podría poner aquí… ¡Ah, sí! “reveníos”. Los individuos tenemos gustos, caracteres y aficiones diferentes y particulares, pero que eso sea nuestra fuerza. Que la pluralidad sea algo que nos enriquezca y no que nos vuelva taciturnos e intransigente, haciendo de nuestra condición nuestro emblema. Practicar el sincretismo a conciencia y, sobre todo: No dar lecciones de moralidad ni señalar con el dedo a los que luchan y piensan de una manera distinta a la tuya, porque todas las opiniones tienen cabida si el discurso es puro y ni impostado.

No quería meterme en berenjenales de este tipo, pero al final….Pues me he metido. Fin. No se si volverá a pasar.

Besos, Petra

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