APLICACIONES PRÁCTICAS DEL ODIO

Cada día que pasa, me doy más cuenta de un hecho innegable y que se acrecienta con la edad: No estoy hecha para vivir en comunidad. No es una cuestión clasista, económica ni de estatus. Simplemente, el hecho de que quiera jugar a cesta punta con la cabeza de mi vecina, es algo definitorio. Mientras, ella, ajena a lo que se cuece en la pared de al lado, continúa pasando la aspiradora batiendo records de decibelios a ritmo de “regetón” (nunca se cómo se escribe y no voy a molestarme en mirarlo), yo intento concentrarme en tener un super poder cualquiera:

-Telepatía: para entrar en su mente, que apague la música y coja un libro.

-Super fuerza: para arrancar la pared, agarrarla de los pelos y estampar el aparato del infierno (ambos, aspiradora y lector de CDs) contra las baldosas.

– Invisiblilidad: para colarme en un descuido y cambiarle el desodorante por laca, la pasta de dientes por crema para talones agrietados y esconderle todos los mandos y un calcetín de cada pareja.

Por poner un ejemplo…

El odio y la venganza, te dan una satisfacción momentánea como de orgasmo multisensorial y eufórico, sí. Pero, aunque en un primer momento puedas sentirte como un Jack Dawson gritando “Soy el rey del mundooooo”, después, sobreviene irremediablemente el bajón de adrenalina y más bien te parecerás al General Terl (sí, soy muy friki), uno de los villanos más tonto de la historia del cine. Odiar es algo inservible. Satisface por un momento, pero tiene poca aplicación práctica. ¿Significa eso que tenemos que ir por la vida siendo un descerebrado acólito de Mr. Wonderful? La respuesta es: NO. Solamente focaliza ese “Odio” hacia algo constructivo. Sé que parece una paradoja, pero si vomitamos toda esa “sed de mal” en un papel, un lienzo o, que se yo, una carrera de obstáculos, al menos nos llevaremos algo a cambio. Nunca he subestimado el poder de una fuerza sin precedentes como es la rabia. Es un acicate tan válido como su contrario: El amor.

El problema de base es; que no se hace. Se trabaja duramente en destruir el alrededor hasta dejarlo fuera de la órbita de influencia. Hay personas muy válidas e interesantes, verdaderos genios, que sienten aversión hacía todo y todos, pero no saben el poder que llevan en su interior. La mayoría de las veces se toman el trabajo hercúleo de malmeter sin más, basan su vida odiando de manera inerte, de una manera tan egoísta y ególatra que se boicotean a ellos mismos en pos de una mayor animadversión hacia los demás. Si se tomaran un descanso en su trabajo de “odiadores”, verían cuantas virtudes se esconden en su interior y usarían su fuerza, si no para hacer el bien, al menos para dejar un legado y que las generaciones venideras pudieran aprender a través de sus conocimientos. La vida no se compone de villanos y héroes. Todos y cada uno de nosotros hemos adoptado uno u otro rol durante nuestra vida en periodos más o menos extensos, lo difícil de todo esto es, sin duda, la clarividencia. El pararte a pensar si te merece la pena realmente odiar de una manera malsana o, al menos, productiva.

 

Por si no lo sabéis, hoy es el día de las mujeres escritoras. Felicidades a todas y a mí misma. Estamos en el camino juntas.

Besos, Petra

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