MEDUSAS

La gente es cansina por convicción. Y por influencia casposa. Lo cual es peor aún. Está claro que los eslóganes baratos siguen funcionando a día de hoy para mover masas en modo medusa hasta la orilla para que mueran ahí y convertirlas así en mártires posmodernos. Yo, que siempre he tenido un problema con las frases imperativas desde mi más tierna infancia (pueden preguntarle a mi madre) me siento escandalizada, pero sin tanto aspaviento, al ver lo chusco de algunos movimientos que pretenden a su vez escandalizar y así tener un filón asegurado de “followers” “likes” y “retweets”, todo lo cual se traduce (no se lleven a engaño) al vil y siempre vilipendiado pero vanagloriado y goloso: dinero. Marqueting marqueting (de siempre es sabido que para enfatizar hay que repetir la palabra). Entre unos pocos listos para los negocios y un montón de aborregados con más miedo que poca vergüenza, hay linchamientos supinos todos los días de alguno que se ha asomado un poco por encima de la verja para ver el paisaje por no fiarse solo de una descripción. ¡Plaf! Un palo en las espaldas curiosas y a la fila como todo el mundo. Reptiles elevados a la categoría de dinosaurios de un día para otro, que vienen a relevar a los que han cometido un pequeño o gran fallo mientras tenían la desgracia de que alguna alimaña atisbaba tras la esquina frotandose las manos. Alzar las manos al cielo y clamar con la boca desencajada nimiedades como granos de arena que se acumulan en las puertas los días de levante, hasta hacer la montaña que pacientemente estaban esperando para lanzar al mundo su falacia y su engaño. La educación y la cultura no siempre van de la mano, pero se puede sobrevivir dignamente sin lo segundo. Ahora todo está ganado con un “reivindico lo que me sale del chirri” y lo pongo en mis redes porque soy así de chulo y cada vez que hablo, creo dogma. Vamos, que lo que digo va a misa. Tanto si hay que tirarse un cubo de agua por la cabeza, como si hay que grabarse en plan maniquí. La causa ya la buscaremos después si eso….

El caso es que yo (ingenua de mí), pensaba que bogábamos hacía la pluralidad; que las dictaduras ya se habían quedado atrás, que habíamos aprendidos de nuestros errores como alumnos aventajados…Pero no. Las de ahora son dictaduras autoimpuestas, lo que nos convierte en entes sin conciencia, aparte de masas babeantes y sumisas. Nuestro mayor miedo es el ostracismo social y nuestro peor enemigo; la diferencia. Porque ser diferente es un trabajo agotador, porque es más fácil unirse a la manada, por miedo a las miradas intransigentes y a los abucheos internautas. Hemos perdido la capacidad de perdonar. ¡Sí, coño, de perdonar! Que el que esté libre de pecado, queme la primera bruja. ¡que prestos estamos para el linchamiento con un fragor y una inquina, dignas de cualquier humano, sí, pero acentuadas hasta el extremo en nuestros tiempos! No es cuestión de hacer apología del amor tonto y sin fundamento que tanto critico, si no el amor elemental, el auténtico, el que te pega la bofetada, pero luego te tiende esa misma mano… Ese amor que da coraje, pero que sientes sin poder controlar. Así que hombres y mujeres de toda índole y condición: ¡Tended criterio, hombre, por favor!

Y como último apunte os digo: De todas las maneras en que podáis justificaros; no escoged ninguna. Jode más.

Besos, Petra

 

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